Antes de la caída
Ayer la lluvia fue tan fuerte que las hojas se desprendieron de sus ramas, la tierra parecía ser atacada con furia y quedó mal herida al cesar la lluvia. Las aves se refugiaron donde era posible y fue inevitable que las flores perecieran por el ataque de esas gotas tan cargadas de agua. Y eso sólo fue un día, uno cualquiera; no podría contar cada uno de los días que he vivido, pero sí los recuerdo todos. Aquí no llueve ni sale el sol, pero me gusta mirar donde sí. Me gusta mirarte en tu día a día; duermo por las noches como tú y despierto temprano por la mañana para acompañarte a tus deberes. Vivo preocupado todo el tiempo; cada cosa que haces me inquieta, si caminas sola por la calle, si cruzas una avenida o sales de noche, me preocupa la ayuda que no me permiten proveerte. Conozco todo de ti, he estado contigo desde el primer día que te vi. Te amo, no sé cómo lo sé; jamás he amado a alguien, pero lo siento en mi corazón. Los demás ángeles se burlan de mí, me dicen que debo dejar de verte escondido tras las nubes, que estoy desaprovechando mi inmortalidad. Un viejo amigo me dijo que seguir mirándote sólo me provocaría dolor, porque no podría evitar el día en que tuvieras que dejar tu mundo. Pero yo estoy seguro de que serás elegida para venir al mío, porque te conozco y has sido buena. Te esperaré, sé cómo amarte, sé cómo te gusta que te amen, porque he estado ahí cuando has amado y cuando has llorado por amor. Yo no fallaría donde los demás han fallado.
Después de la caída
¿Cómo te va? Ya no sé de ti, pero sé que no has desaprovechado tu vida. He luchado con esta idea que vive en mí. ¿Fui un tonto acaso? No lo sé, todos me han dicho que sí, que nunca debí salvarte, que ser un ángel es sagrado, que nunca debí desaprovechar ese privilegio. ¿Pero sabes algo? No me arrepiento de nada. En mi vida humana jamás hice nada bueno y nada malo, supongo, por eso me concedieron la oportunidad de vivir en las nubes. Para mí, eso fue desaprovechar mi vida; jamás me sentí conforme. Ahora, por primera vez, me siento tranquilo y, si el costo es ser un errante y vivir por siempre en la oscuridad, con gusto lo haré, porque estoy feliz. Salvar tu vida fue la decisión correcta. Dejo esta carta para ti, para que sepas de mí, porque sé que ascenderás y te convertirás en un ángel al llegar el fin de tus días. Esta carta te la entregarán cuando sea el momento; no sé qué será de mí, a diario espero a que vengan por mí para ser juzgado. Espero tranquilo, porque lo hago pensando en ti. Lo único que importa es que te amaré por siempre. Te veo en la eternidad.
Ascenso
Hace muchos años, cuando tú apenas eras un ser de carne y hueso, hubo un ángel, uno como cualquier otro, pero cometió un error. Todos, cuando llegan, no pueden evitar mirar hacia abajo en busca de sus familiares y de quienes aman; pasan meses y a veces años, pero aquí el tiempo es diferente, así como la vida, por lo que en algún momento todos se olvidan de los que observaban tanto. Si hay suerte, algún día los que mueren serán elegidos para venir aquí, así como tú, y puedo decirte que él sabía que tú serías elegida, aunque sabía que era improbable que te encontrara en esta infinidad. Pero él tenía la esperanza de que lo lograría. Por favor, no me preguntes qué pasa con los que no son elegidos; simplemente ellos son enviados a otro lugar muy distante. Sé que preguntarás por ese ángel; pues sólo puedo decirte que se le ve por aquí de vez en cuando, pero no tiene caso que hables con él.
Recuerdo bien el día que sucedió todo; era una tarde lluviosa, y él te miraba detrás de aquella nube que está por allá, cuando de repente se levantó, extendió sus alas y se lanzó hacia la tierra. Yo corrí hacia allá y me lancé tras él; en el aire le gritaba que se detuviera, que no debía intervenir. Él respondió que tú debías vivir, que aún no era el momento. Plegó sus alas y tomó mayor velocidad; no pude seguirlo. Lo vi bajar a gran velocidad, partiendo las nubes por la mitad y creando fuertes ventiscas de aire tras él. Si un ángel toca la tierra, en ese momento se vuelve mortal, así que cuando él te sacó del camino y tomó tu lugar, dio su vida también, pero una vida que él ya no poseía. Jamás se había sabido de un caso así. Dios prohibió a partir de ese día volver a mirar hacia abajo; nos quitó esa habilidad. Se paga un alto precio por romper las reglas. ¿Qué fue de él? Sus alas fueron cortadas; a esos seres sin alas se les conoce como errantes. Pero su caso fue un tanto diferente, ya que al volver a morir se convirtió en un ser distinto; perdió sus sentidos, su esencia. Es como si estuviera muerto en vida; nadie sabe si sus recuerdos siguen ahí.
Esto es para ti; dejó instrucciones para entregarte esta carta. Puedes verlo si quieres; todos los días se sienta en aquella nube en la que te observaba. No es posible saber a qué hora lo hará, ya que él ya no distingue del día o la noche, y el tiempo pasa diferente para él. No puede sentir nada; si lo tocas, jamás lo notará. Se la pasa tropezando por todos lados, aún no se acostumbra a su ceguera. Sé que desearía poder decir algo si pudiera, pero ¿qué caso tendría si tampoco puede escucharse? Muchos creemos que se sienta en su vieja nube para mirarte en sus recuerdos, como hizo por muchos años. Estoy seguro de que lo hará por siempre, pero ahora para él su mayor castigo es ser inmortal.