Hay un cuento que quiero contarte, es sobre un sujeto que cuenta cuentos. Un buen día, Dios le pidió que le contara el más hermoso de todos los cuentos. Si lograba sorprenderle y el cuento era verdaderamente hermoso, como recompensa, Dios lo convertiría en realidad. El ángel pasó toda una noche pensando en el relato que contaría y, al amanecer, tenía un plan grandioso, un plan maestro. Contaría un cuento sobre sí mismo, en el que conocería el amor y sería amado por la mujer más noble y bella del mundo. El cuento sería tan cautivador y lo contaría con tal maestría, que Dios lo haría realidad, cumpliendo así su más grande sueño: conocer el amor. Sería parte de su propio sueño.
Al día siguiente, cuando el ángel se dirigía hacia su destino, decidió bajar un momento del cielo y visitar la tierra. Quería ver cómo sería su vida ahora que conocería el amor, pues anhelaba vivirlo como los humanos. Después de un rato, cuando decidió que era momento de regresar al cielo con los demás ángeles, se topó con un hombre que sollozaba escondido bajo la sombra de una nube. El ángel se acercó y le preguntó cuál era su problema. Él era un ángel y podía ayudarlo. El joven respondió que ni siquiera un ángel podría ayudarlo, pues pasaba por una pena que los ángeles desconocían. ―Llevo tiempo esperando y buscando, y no he encontrado el verdadero amor ―dijo el hombre, sin levantar el rostro. El ángel guardó silencio por un momento y respondió que en efecto, era sabido que los ángeles, a pesar de su belleza y perfección, no conocían el amor. ―Pero Dios hará realidad mi cuento y ahora podré conocerlo ―dijo el ángel, en un tono muy alegre. El hombre lo miró a los ojos y respondió: ―Quizás sea mejor que no lo conozcas, porque el amor puede traer dolor. Podrías sentirte lleno de vida en un momento, pero en otro, tus hermosas alas podrían volverse grises, y no tendrías fuerzas para volar de nuevo.
El ángel, sin decir nada más, regresó al cielo, caminando lentamente hacia su destino, lleno de emociones encontradas e incertidumbre. Al llegar, Dios le preguntó si estaba listo. El ángel contestó que sí, aunque en realidad no lo estaba del todo. Dios se recostó en su silla y se dispuso a escuchar atentamente. Antes de comenzar el cuento, el ángel recordó todas aquellas tardes en las que se sentaba a observar a los humanos. Veía sus vidas cambiantes, llenas de complicaciones y, sobre todo, de amor. Apreciaba la existencia de aquellos que no conocían el amor, como él. Pero eso cambiaría, porque su cuento era fantástico y a Dios le encantaría.
Así, al día siguiente, te conocí y me enamoré de ti. Dios cumplió su promesa, siempre lo hace, y convirtió el cuento prometido en realidad. Ahora, ese ángel nos vigila desde el cielo, cuidando que su cuento siga su curso. Este ángel, nuestro ángel, descubrió un secreto: sin darse cuenta, ya conocía el amor, el amor hacia la humanidad. Hoy, su mayor satisfacción es vernos disfrutar el regalo que nos dio. El ángel cambió su plan maestro y prefirió contar un cuento sobre nosotros dos. Así lo estamos viviendo, mientras él nos cuida desde el cielo y ve cómo su cuento se hace realidad. Solo él y Dios conocen el final del cuento, pero es seguro que debe ser hermoso, ya que si no, Dios no lo habría hecho realidad.
Alonso García