Estaba de viaje. Aún no sabía qué hacía ahí. Simplemente quería olvidarlo todo. No voy a mentir, la verdad es que esperaba que me llamaras y me dijeras que regresara, pero eso nunca pasó.
Observo cómo el sol se esconde detrás del horizonte; parece que el agua del mar lo traga y es capaz de apagarlo. Sigo de frente, el agua está en calma. No me detengo ni cuando las pequeñas olas, que llegan con trabajo a la orilla, tocan mis pies. Sigo avanzando, mis pies dejan huellas en la arena que cada vez duran menos; el agua borra todo rastro de que estuve ahí. Eso haré, que el agua borre el rastro de mí. Ahora me cuesta más trabajo caminar, el cuerpo me pesa, y las olas ya alcanzan mi nariz y boca. Tengo miedo. Un respiro de agua salada es doloroso. No sé si pueda hacerlo. Un paso más, uno más y los problemas se habrán acabado.
Nunca fui realmente lo que dije ser. Mentí, le mentí a todos. Solo deseaba más atención, deseaba más de todos y me reconfortaba saber que, para los demás, era alguien genial, importante, aunque todo fuera una mentira. Ahora todo está en paz. Estoy flotando en la inmensidad del mar; pasará tiempo hasta que las olas me devuelvan a donde pertenezco, a la tierra. No dejé nada atrás, tal vez a un par de personas que me quisieron, o a alguien que me amó de verdad, y a un gato. Cuando descubran que no regresaré, le encontrarán un buen lugar.
Tengo frío. No sabía que en esta condición pudiera sentirlo, o que siquiera pudiera sentir algo. Te iré a visitar, quiero saber si sientes algo por mí, quiero saber si en estos momentos eres capaz de sentir algo. Lloras. Vaya, solo así sentiste algo por mí. Ahora sí siento que valgo algo, porque antes no me valoraste. Nunca me quisiste y solo me querías cuando necesitabas algo de mí. Mi familia también sufre. Qué bueno, me alegra ver que ahora sí saben lo mucha falta que les hago. Amigos hay pocos, pero los suficientes para contarle a los demás que ya no estoy. Me extrañarán, a ver si así valoran cuando los invitaba a mi casa y nunca tenían tiempo de ir. Qué reconfortante es esto. Ahora sí hice las cosas bien, ahora sí se acordarán de mí. Todos sabrán lo mucho que me querían. De haber sabido que podía presenciar esto, me hubiera animado a hacerlo desde antes. Sufrí mucho estando allá y tan fácil que fue todo después. Ya ni me acuerdo si me dolió llegar aquí. ¡Ah! ¡Qué diablos! Me duele el pecho. Pero, ¿por qué?
Al parecer aquí no necesito dormir. Puedo estar donde sea y no me siento cansado. Es genial, puedo verlo todo, escucharlo todo también. Estoy en la habitación de Jazmín. Creí que sería divertido estar todo el día con ella y espiarla un momento. Me encanta saber que me extraña, mira fotos nuestras en su teléfono, lee los mensajes que nos enviábamos. La única foto mía que le regalé la tiene en su mesa de noche, junto a su cama. Llora por mí en la noche y amanece cansada, no quiere hacer nada, está triste, me extraña. Lo sabía, sí me quería, pero ahora me valora de verdad. Y es genial poder verlo. Nuevamente ese dolor en el pecho, de nuevo ese frío, hay un zumbido extraño que atraviesa mi cabeza.
Mientras pasan los días, las cosas se complican. Ahora me cuesta trabajo escuchar lo que los demás hablan; es como si su voz se distorsionara. También todo es borroso. Anoche, mientras estaba con Jazmín y leía lo que platicaba con sus amigos por teléfono, de repente me comenzó a costar trabajo ver lo que escribía. Y por si fuera poco, ahora no siento frío, es calor lo que tengo, me quemo por dentro y nada puedo hacer. Quisiera sentir en mis pies ese charco de agua, aunque me paro sobre él es como si no lo tocara, no siento nada. Los días son más difíciles estando aquí, me duele el cuerpo, me siento como si hubiera estado inmóvil por semanas, y aunque camino y deambulo por ahí, me sigo sintiendo igual. Y lo peor es que ahora sí me siento solo. Antes no lo sentía tanto porque de cierto modo convivía con todos, escuchaba sus conversaciones, los miraba hacer sus actividades. Pero ahora que no puedo ver claramente ni escuchar, todo es más difícil.
He quedado sordo, ya no escucho nada, solo veo a la gente mover la boca, observo pasar los autos, la gente grita y se ríe, y yo observo todo a mi alrededor. Es como en cámara lenta: risas y diversión, gritos y discusiones, todo es tan lento, y yo no lo puedo escuchar. Volteo en todas direcciones, todo gira alrededor de mí. El silencio absoluto me está volviendo loco. No puedo más. Caigo de rodillas y grito con toda mi fuerza, no escucho nada. No puedo ni percibir la vibración de mi garganta, ni mucho menos la vibración del suelo que aparento pisar. No sé qué hacer, me siento tan solo. En cuanto me quede ciego será el fin. Si eso pasa, preferiría estar muerto. ¿Qué? No, no, no es posible que haya dicho eso, no puede ser. ¿Qué he hecho?
Realmente ya no sé cuándo estuve muerto, si cuando estaba vivo o ahora. Solo alcanzo a ver algunas sombras de colores, o algo parecido. Antes de perder la vista, me aseguré de aprender de memoria la casa de Jazmín, porque aquí me quedaré, con ella. Pero han pasado meses y ella parece haberme olvidado. Alcanzo a ver que ya se ríe y se divierte de nuevo. Anoche invitó a alguien a su casa mientras sus padres no estaban. Es bueno haber perdido la vista en estos momentos. No siento tristeza, en realidad no sé qué siento, ni qué debería sentir. Ya no quiero estar aquí, me quiero ir, a donde sea que vayan los que son como yo. Quiero escapar de este lugar, estoy atrapado en esta casa, en esta habitación, en este cuerpo que ya no funciona. Me duele la cabeza, ese frío de nuevo, mi cuerpo me pesa, duele. Quisiera estar muerto, ja-ja-ja-ja-ja. Ahhhhhh!!! ¡Aaaaaaaaa! ¡Noooooooooooo! Perdóname, perdooooon... perdónenme todos, solo quería sentir que valía algo, que te fijaras en mí, que me amaras como yo a ti. Solo quería que mis padres vieran en mí algo más que una carga, debí hacer mejor las cosas, yo tenía que buscar y valorar más a mis amigos.
¡Eh! Escucho algo, ¿qué es eso? Son voces, sí que lo son. ¿Dónde?
Este dolor en la garganta, en mi nariz, siento algo extraño. ¿Dónde estoy? ¿Qué? Me ahogo, de nuevo. No, no puede ser. Estoy en el agua, es el mar. Estoy flotando, no puedo moverme, pero escucho las olas del mar y alcanzo a ver el reflejo del sol. ¿Ahora qué? De nuevo escucho voces, es la voz de mi padre. Escucho llorar a mi madre también. No sé dónde estoy, estoy quieto, no puedo moverme, quiero hablar pero me es imposible. Siento mis ojos, puedo abrirlos, pero ¡ahhh, el sol en mis ojos! No, no es el sol, es solo una luz. Mi madre grita de júbilo, y escucho decir a mi padre: ―Bendito sea Dios.
Estar muerto me enseñó muchas cosas. Primero, que le importo a mis padres más de lo que creía. Mi madre, por meses, me vio triste, sabía que algo no estaba bien y me estuvo siguiendo a algunos lugares a los que iba. Me siguió a la playa y ella fue la que se dio cuenta de que no dejaba de caminar hacia dentro del mar. Pudieron sacarme a tiempo, pero no lo suficientemente rápido. Jazmín, hermosa chica, siempre me ha amado, pero no como yo deseaba. Me visitó por meses en el hospital, pero no pudo más. Se enteró de que desperté por algunos amigos, y no ha venido a verme, al parecer ha estado un poco ocupada. Mis amigos están aquí, solo unos pocos, pero son suficientes. En cuanto me recupere, los abrazaré y besaré a cada uno de ellos. El tiempo pasa lento, muy lento. Aún no puedo moverme, solo puedo parpadear y gesticular algunas ligeras y cortas palabras, pero mi madre entiende todo lo que digo. Me baña con una esponja todos los días, mi padre por fin descubrió todos mis tatuajes. Una tarde, escuché a una persona decir que en esa condición preferiría estar muerto. Quisiera poder sonreírle, verlo a los ojos y decirle con la mirada, que no sabe lo que dice.
Alonso García